Salud Hernández-Mora. Sin salida.

DHumanos. Salud Hernández-Mora es desde 1999 corresponsal en Colombia del diario español  El Mundo y columnista del periódico El Tiempo de Bogotá. Como tal, está acostumbrada a  enfrentarse a situaciones más o menos complicadas, derivadas de su trabajo periodístico. Pero si hace un mes le hubieran dicho que iba a vivir en primera persona la experiencia de los protagonistas de su último libro –Sin salida-, seguramente no se lo hubiera  creído. Tampoco lo hubiera descartado por completo, pues en Colombia el secuestro es una realidad con la que conviven a diario millones de personas en todo el país.

Esto fue precisamente lo que le ocurrió a Salud Hernández-Mora hace dos semanas. Tras permanecer secuestrada por un grupo guerrillero del Ejército de Liberación Nacional (ELN) por espacio de una semana, la periodista y escritora fue liberada por sus captores en una zona rural del departamento de Norte de Santander, entre los municipios de San Calixto y Teorema.

Numerosos colectivos y organizaciones –como DHumanos- habían condenado su secuestro en todo el mundo, y distintas instituciones en Colombia realizaron gestiones directas para su liberación, entre ellas la Iglesia católica y la Defensoría del Pueblo de Ocaña, a las que la reportera ha agradecido públicamente su ayuda.

El año pasado, por esas cosas que tiene la vida, Salud Hernández-Mora recreaba en Sin salida la historia de un secuestro. Sobre esta obra, sobre su cautiverio, sobre su liberación, y sobre sus planes de futuro, ProNoticias ha conversado con la escritora, que acaba de protagonizar una de las situaciones más complicadas de su vida, y ha escrito una de las páginas más arriesgadas de su carrera periodística.

. ¿Cómo se encuentra tras el cautiverio y su liberación?

Estoy muy bien. Tuve mucha suerte. Hay secuestrados que pasan meses y años en la selva y otros que mueren en cautividad.

. ¿Se imaginó alguna vez que experimentaría una situación como ésta?

No, jamás.

. ¿Cómo fue su secuestro y su cautiverio?

El ELN me había quitado la cámara, grabadora etc. En un pueblo –El Tarra- donde ejercen control con otras dos guerrillas.  Quedaron en que me los devolverían. Al día siguiente me llevaron a hablar con un comandante y cuando pensaba que me daría lo que me quitaron, me dijo que me quedaba con ellos. Me hizo vestirme con un chándal negro y botas de agua, y  a partir de ese momento -sábado 21- fueron días de estar el día custodiada por hombres armados, y desplazarnos por la noche por las montañas hasta el siguiente punto. Varias veces me cambiaron de guerrilleros. Hablé poco con ellos porque lo tienen prohibido.

. ¿Temió en algún momento por su vida?

Cuando estás secuestrada y el Ejército te está buscando para rescatarte, puede pasar cualquier cosa. Pero yo estaba tranquila, no sufro por adelantado.

. ¿Qué le decían los guerrilleros durante su secuestro y qué les replicaba usted?

Fueron distintos guerrilleros, unos hablaban de la razón de la lucha armada. Eran argumentos apolillados, primarios, similares a los que predica Nicolás Maduro. Otros estaban obsesionados con que yo llevara chips escondidos que pudieran delatarlos y pretendían quitarme hasta las gafas. Y otros presumían de ser buenos combatientes y ser capaces de acabar con los militares pese a ser menos.

. ¿Le puso la guerrilla alguna condición antes de ser  liberada?

Ninguna. Me entregó a una comisión de la Iglesia Católica y me dio un comunicado. Les dije que no lo leería y que me limitaría a darlo a los colegas por si alguno estaba interesado. No lo objetaron.

En Sin salida narra la historia de un secuestro. Se trata de una historia real. ¿Cómo se ambientó y documentó para escribir esta obra?

Es una historia real, todo lo que hay en el libro sucedió. Conocí a la protagonista, porque llevo 16 años en la Fundación País Libre que lucha contra el secuestro y ella necesitaba nuestra ayuda. Me ocupé de ella y nos fuimos haciendo amigas. Su caso es único, viví con ellas algunos de los peores episodios que enfrentó con la guerrilla, y al final quiso que yo escribiera su historia. Refleja muy bien lo que viven los secuestrados y sus familias. Y es la primera vez que una persona que negoció un secuestro, cuenta con pelos y señales cómo es esa experiencia tan atroz.

. ¿Qué quería poner de manifiesto con Sin salida?

La crueldad del secuestro, las implicaciones que tiene sobre muchas personas. No solo es el rehén, sino todo su entorno el que vive un calvario.

. Tras su propio secuestro, ¿reescribiría el libro parcial o totalmente?

No, no tocaría nada. No es mi historia, es la de Isabel. Y mi caso no es interesante para un libro. El de ella es apasionante, si se puede decir así. Quien lo lee me dice que no pueden soltarlo hasta el final.

. En Sin salida retrata la complicada situación que a día de hoy viven buen número de personas en Colombia. En sus cinco libros anteriores  –Viajes a la Colombia profunda; Acorralada; La otra Colombia: Años 1999-2007; y La fascinación de la vorágine: Crónicas de un país incomprensible– la realidad colombiana también es la protagonista. ¿Por qué?

Llevo 17 años cubriendo el conflicto armado en Colombia y de eso tratan mis libros. Son crónicas que dibujan un país alejado de los centros de poder, olvidado por los gobiernos.

. Desde hace años su columna de opinión en El Tiempo de Bogotá es de las más leídas del país. ¿A qué cree que es debido?

Me cuentan quienes la siguen que les gusta el que digo las cosas de manera directa, sin tapujos, que destapo escándalos de corrupción y que, a diferencia de otros columnistas, yo recorro el país y conozco una realidad que los demás ignoran.

. ¿En los 17 años que lleva relatando el conflicto colombiano qué es lo que más le ha llamado la atención?

La capacidad que tienen los colombianos de superar tragedias, de levantarse mil veces y empezar de nuevo con optimismo, del cariño profundo que le tienen a su país.

. ¿Cuál es su opinión sobre el proceso de paz en Colombia?

No me parece bien que un gobierno democrático negocie de tú a tú con un grupo terrorista, que tengamos que escucharles pontificar de lo divino y lo humano sin haber mostrado el menor signo de arrepentimiento. Como mucho, hablan de errores, aún no han pronunciado la palabra perdón. La única razón para estar negociando con ellos es su capacidad destructiva y la imposibilidad del Estado de acabar con las Farc.  Su único argumento, por tanto, es el poder de matar, secuestrar, extorsionar, reclutar niños…

. A partir de ahora, ¿va a extremar las precauciones?, ¿gozará de algún tipo de protección?

Un reportero no puede trabajar con protección. Es complicado extremar las precauciones, porque esa otra Colombia en donde están las guerrillas y las bandas criminales mafiosas, no hay autoridad legal, son ellos los que mandan. Yo llevaba 17 años haciendo lo  mismo, con problemas en ocasiones que resolvía sobre la marcha, pero nunca pensé en un secuestro.

. ¿Tiene miedo?

No.

. ¿Escribirá un libro sobre la experiencia vivida, y las conclusiones que ha extraído?

No. Aquí hay personas que permanecieron hasta 14 años secuestrados, mujeres como Ingrid Betancurt, como Oscar Tulio Lizcano o Raimundo Malagón que publicaron libros muy buenos sobre sus años de horror. No me parece adecuado escribir un libro de siete días de secuestro.  En El Mundo y en El Tiempo saqué un breve diario de esos días, de dos páginas, y luego otra nota sobre los guerrilleros. Es suficiente.