Miguel Sebastián. Eso no nos puede volver a pasar.

ProNoticias. Es doctor en Economía, profesor universitario, ex ministro, y también escritor. La Falsa Bonanza  -su libro más reciente- aborda una cuestión transcendental para España: los años previos a la  crisis económica. Aquellos que –a posteriori– fueron denominados por los analistas como los “Años de la Burbuja Económica” o los “Años del Ladrillo”. Un período importante que marcó un antes y un después en la historia del país, y en la vida de millones de personas.

Con análisis, precisión y un estilo directo, Miguel Sebastián disecciona en La Falsa Bonanza una época, sin duda, muy interesante para España, marcada por excelentes resultados económicos, y por el espejismo de la abundancia que vivió el país durante casi una década. Una época que el propio Miguel Sebastián define como “la falsa bonanza”, y que él vivió en primera persona,  antes de ser nombrado ministro de Industria, Turismo y Comercio.

Migel-Sebastian_pronoticias_300. Profesor Sebastián, este libro no habla de la crisis, sino de lo que ocurrió justo antes. ¿Por qué eligió ese período?

Ya hay bastantes libros sobre la crisis y cómo salir de ella. Yo no quería hacer un libro más, ni tampoco hablar de mi etapa de Ministro, que no me corresponde a mí juzgar. Pero lo más importante es que resulta imposible entender la magnitud y duración de esta crisis sin conocer el período previo, el que he llamado “la falsa bonanza”. Yo doy clase a alumnos de 20 años. Tenían 3 años cuando entramos en el euro y 12 años cuando empezó la crisis. Por tanto, no han vivido ese período tan transcendental para comprender lo que nos ha pasado y evitar que pueda repetirse.

. ¿Había signos de alarma en el sistema y nadie los quiso ver o realmente no fuimos conscientes de lo que estaba pasando?

Es el que el problema precisamente es ese. Los excesos narrados en La Falsa Bonanza se refieren a variables económicas que, en principio, son “buenas”. ¿O es que no es bueno que haya crédito?, ¿O deuda privada?, ¿O vivienda?, ¿O inversión en el exterior?, ¿O energías renovables?, ¿O infraestructuras? Todo eso es bueno, en principio. El problema es el exceso. El exceso es lo que hace que algo que en principio es saludable, se convierta en algo tóxico.

. ¿En ese momento, las autoridades económicas y políticas, y la sociedad en general hubieran querido oír hablar de dificultades estructurales, y de crecimientos insostenibles o hubieran preferido vivir “engañados”, como así fue?

La pregunta mezcla dos temas distintos, aunque estén interrelacionados. Una cosa son los excesos que se acumularon en esos años y otra son las necesarias reformas estructurales que quedaron aparcadas desde finales del siglo XX. Ambas están interrelacionadas, porque ocurren a partir de nuestra incorporación al euro. El euro nos “desestabilizó”, en el sentido de generar todos esos excesos, y nos “anestesió”, en el sentido de que nos hizo olvidarnos de los retos estructurales que todavía tenemos pendientes, y que recojo en el último capítulo del libro.

. ¿Cómo es posible que, pese a que los indicadores macroeconómicos aparentaban justo lo contrario, en 2008, España fuera un país débil?

España crecía mucho, un 42% real acumulado desde 1998 a 2008, pero las bases de ese crecimiento no eran sólidas y estaban basadas en un fuerte endeudamiento privado y externo. Con la crisis financiera global se nos corta el grifo de financiación exterior y se produce lo que Guillermo Calvo llamaba el “sudden stop” o la “parada súbita” de la economía, el colapso. Porque llegamos a acumular una deuda externa del 100% del PIB, creo que la más alta del mundo. Eso no nos puede volver a pasar.

. Sin embargo, España llegó  a ser una referencia internacional en los años previos a la crisis. ¿Cómo se explica esta paradoja?

Todos los que dijeron que España era una referencia y un milagro económico deberían hacer autocrítica. Este libro, que es autocrítico, es también una invitación a la autocrítica colectiva. Y no sólo de los políticos, sino de todas las instituciones públicas y privadas de nuestro país, que participaron de la fiesta: Banco de España, grandes empresas, CEOE y sindicatos, institutos de análisis, universidades, medios de comunicación. Y, por supuesto, la autocrítica debe incluir a instituciones extranjeras, como el BCE, la Comisión Europea, el FMI, las agencias de rating, etc.

. ¿De quién fue la responsabilidad en el período que denomina “la falsa bonanza”?

 A mí no me gusta hablar de “personas”, sino de “políticas” e “instituciones”. En el libro apenas hay nombres, aunque conozco el gusto inquisitorial de responsabilizar a personas que predomina en nuestra cultura. ¿Quién fue el responsable de la Gran Depresión de 1929? Lo relevante es identificar cuáles han sido esas políticas erróneas, o la ausencia de buenas políticas, y cuáles son los fallos del entramado institucional que explican esos excesos, para corregirlos y que no se vuelvan a repetir.

la-falsa-bonanza_miguel-sebastian_libreria-libre_pronoticias_200X300. ¿Desde el Gobierno u otras instancias se plantearon pinchar la burbuja?, ¿Por qué?

En el libro señalo la imposibilidad de pinchar las burbujas. Por tres motivos: (i) la dificultad del diagnóstico (las burbujas sólo se confirman cuando estallan, antes de que estallen no existen, son hipótesis no contrastadas); (ii) las dificultades en las herramientas (no tenemos ni la política monetaria ni la cambiaria; la política de regulación y supervisión era del Banco de España y la urbanística tiene competencias compartidas); y (iii) las dificultades de la “economía política”: los costes de “quitar la música en mitad de la fiesta”. Para hacerlo tienes que tener una fuerte mayoría política y un cierto consenso social. Casi nunca lo tendrás, porque casi todo el mundo vive bien con la burbuja, con la fiesta. Por todo ello, la clave no es pincharla, que resulta imposible, sino evitar que se creen las burbujas. Política macro-prudencial y preventiva. Y hablar mucho de ellas. ¿En el período 2000-2006, cuántos programas de televisión hubo sobre la burbuja inmobiliaria? Yo se lo digo: ninguno. Y ¿cuántos artículos de prensa? Muy pocos.

. ¿Qué habría pasado con España si se hubiese advertido la crisis mucho antes?

El problema no ha sido ese. Es verdad que el Gobierno de Zapatero tardó en reconocer públicamente la crisis, tal y como reconoce el Presidente en su libro El Dilema (Ed. Planeta, 2013). Pero la actuación del gobierno no fue tardía. De hecho, fue de las economías del G20 que antes puso en marcha las medidas de liquidez e impulso fiscal tras el estallido de la crisis financiera global. Pero, insisto, todo esto excede el período que abarca mi libro. El libro termina el día en que cae Lehman Brothers.

. ¿Las subvenciones a las renovables fueron una equivocación en ese momento?

Tal y como cuento en el libro, en las energías renovables no fuimos demasiado lejos, pero sí fuimos demasiado rápidos. Todavía tenemos mucho camino por recorrer, pero debemos hacerlo a un ritmo apropiado. Se cometieron errores regulatorios, propios de un país pionero en el despliegue de las renovables. Y hemos aprendido de esos errores.

. ¿La construcción masiva de infraestructuras como líneas de AVE, autopistas de peaje y radiales, puertos, aeropuertos, etc fue un acierto o un error?

La respuesta a la pregunta anterior se puede aplicar a esta. Aunque en este caso, quizás hayamos ido demasiado lejos, y no sólo demasiado rápidos.

. Tras analizar el período previo a la crisis y sus efectos propone un sistema de alertas que detecte errores de futuro. ¿En qué consistiría ese sistema de alerta?

Una Agencia de Evaluación de Políticas que emita informes preceptivos y vinculantes antes de poner en marcha determinadas infraestructuras o diseños regulatorios. Una Autoridad Fiscal verdaderamente independiente, que no dependa del gobierno. Y una Agencia pública independiente que alerte de los riesgos macroeconómicos y financieros: deuda privada, exceso de crédito, burbuja inmobiliaria, deuda externa…. Lo ideal es que esa agencia fuera el Banco de España. Pero, para que tenga la credibilidad suficiente para representar esa función de alerta, debería previamente hacer un ejercicio de autocrítica de su papel durante la falsa bonanza. Y aún no lo ha hecho. El reciente libro de Miguel Ángel Ordóñez (Economistas, políticos y otros animales, Ed. Península, 2016) es una oportunidad perdida.

. ¿El sistema debería funcionar solo en los períodos de bonanza o en todo momento?

Lo importante es que funcione en los períodos de bonanza. En esos períodos es donde se pueden acumular los desequilibrios si no se está alerta. Y en esos períodos es donde hay que hacer las reformas. Hacer las reformas en épocas de crisis es imposible: resultarían muy costosas y muy injustas.

. ¿Por qué España no cuenta con un Plan País Permanente que fije las prioridades económicas y promueva el desarrollo de los distintos sectores productivos?

Ese Plan debe ser una agenda política, a ser posible consensuada, para llevar a cabo los retos estructurales pendientes: los derivados del envejecimiento demográfico (pensiones, sanidad, dependencia), los derivados del modelo productivo (mercado de trabajo dual, productividad, formación, educación, fiscalidad, tamaño empresarial, dependencia energética y financiación), los derivados del modelo territorial y los derivados del entramado institucional (justicia, burocracia, corrupción).

¿Haría falta un Ministerio de Desarrollo y Planeación Nacional para llevar a cabo ese Plan País?

No, no hace falta. Lo que hace falta es un consenso en el diagnóstico y en la agenda de reformas.

. A lo largo de su carrera ha trabajado con Josep Borrell en el Ministerio de Hacienda, en los Servicios de Estudios del Banco de España y del BBVA, y ha sido Director de la Oficina Económica del Presidente en el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. ¿En cuál de estos puestos desarrolló mejor su trabajo y  aprendió más?

En todos ellos, aunque el nivel de responsabilidad fue muy diferente. Sin duda, mi época de Director del Servicio de Estudios de BBV, primero y después BBVA, y mi época como Director de la Oficina Económica del Presidente del Gobierno fueron las más apasionantes. Yo siempre intento aprender en todos los puestos en los que he estado, tanto en la actividad pública como privada.

. ¿Cómo fue su experiencia en el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio?

Fue una época difícil, porque coincidió con la crisis económica global y la crisis española. Pero también fue una época apasionante para un economista.

. En un momento dado, pudo ser Gobernador del Banco de España en sustitución de Jaime Caruana. ¿Con usted en qué hubiera cambiado la política bancaria?

No recuerdo que ni nombre haya sonado nunca para ese puesto.